Claves
- Para casi todos era la primera vez en un estadio profesional.
- Nunca pensaban que padecerían una situación tan violenta, generada por un sector de la barra fuerte de Patronato.
- Casi nueve años después, aquella tarde sigue siendo una de las manchas más feas del deporte entrerriano.
El 25 de noviembre de 2017 el estadio “Presbítero Grella” recibía a Patronato y a Unión de Santa Fe por la Primera División. En una de las tribunas, la Ayacucho, había un grupo que no era público común: chicos de entre 8 y 16 años del Club Deportivo y Social Strobel, del Departamento Diamante, invitados por el gobierno provincial a través del programa “Los gurises van a la cancha”. Para casi todos era la primera vez en un estadio profesional.
Nunca pensaban que padecerían una situación tan violenta, generada por un sector de la barra fuerte de Patronato. Casi nueve años después, aquella tarde sigue siendo una de las manchas más feas del deporte entrerriano. Los chicos viajaron en dos combis, acompañados por cinco padres y el profesor coordinador de las divisiones infantiles. El club, humilde, no podía pagar entrenadores para todas las categorías; los padres cumplían ese rol. Fueron cantando y buscando en el celular canciones de la hinchada de Patronato.
Varios de esos chicos jamás habían podido pagar una entrada en una cancha. Daniel López, papá de un jugador “Llegar a la cancha con toda la alegría y, bueno, y la ilusión de poder pasar un lindo momento, que los chicos disfruten, sobre todo, porque es la idea de este deporte tan hermoso de poder disfrutar.
Se vio empañado por este mal momento que pasaron (…) Entrar la hinchada de manera abrupta, donde la verdad que Pablo recibió muchos golpes arteros de manera traicionera… y bueno… yo me encontraba detrás del arco y también… y ver a los chicos que los sacaban a los empujones. Chicos que no sabían nada y ver a gente grande empujando, la verdad que dan una impotencia bárbara.
Y no poder hacer nada justamente por una cuestión de tratar de que no les peguen, pero también era imposible porque era mucha gente y nos estaban golpeando, básicamente. Después llevar a los chicos al hospital, donde uno de los chicos había recibido puntos en la rodilla, porque también en una de las caídas se golpeó y se cortó, tuvo un corte profundo en la rodilla.
Y bueno, la verdad que un mal momento y un mal recuerdo para ellos que … por ahí después vivir… no querer volver a ir a la cancha por una cuestión de ese mal momento que pasaron”. Cristian Mosqueda, jugador golpeado “En ese momento tuve la sensación de me perdí, no sabía qué hacer, miraba para todos lados. Y en un momento sentí como que me mareé, y lo primero que quise hacer fue salir corriendo.
Cuando quiero salir corriendo, me encuentro que en la puerta se habían parado toda gente así, toda gente grande, y me empujaron. Cuando me empujan viene un hombre, que no me acuerdo bien la cara, y me empezó a ahorcar contra el tejido. Cuando él me suelta, me pegan una patada a la espalda, y ahí quise correr al baño y era el baño de mujeres y me cerraron la puerta. Y lo primero que veía a era mis compañeros correr y caerse y que le pegaba. Pero, por momentos me perdí.
No sabía qué hacer, como que estaba perdido (…) Y la verdad fue triste, porque -conociendo a mis compañeros- íbamos muy contentos dentro de la combi. íbamos cantando… es más, buscábamos canciones de la hinchada de Patronato en el celular y las íbamos cantando… íbamos bastante contentos porque había muchos jugadores que no tenemos la oportunidad de ir a la cancha, no tenemos cómo pagar una entrada. Y fue algo muy lindo que nos llevaran a la cancha. Sabíamos que la íbamos a pasar bien. Pero, fue todo lo contrario.
La ida fue una cosa y la vuelta fue totalmente distinta”. José Mosqueda, papá de un jugador “Tristes… Recuerdos tristes… porque salieron ilusionados a ver un partido… mi hijo, como muchos chicos del club, y volvieron destrozados, de que fueron a ver un partido que nunca lo iban a ver… que lo vieron a medias y vinieron destrozados. Yo cuando me entero vengo acá y me avisan que estaban golpeados, tanto papá como dirigentes, como chicos, una locura.
O calculá que te avisen que tu hijo está golpeado, que fue a disfrutar algo y te lo maltratan en un lugar que vos lo mandás con las ilusiones que ellos disfruten. Y vuelvan estropeados. Mi hijo fue uno de los estropeados (…) Yo sé las manos que iban, porque iba papá… Pablo jugó conmigo… iban en buenas manos… los chicos, 12 años. ¿Qué le parece a usted? Que vos los mandás a que disfruten. Y yo a lo que voy es que personas grandes, de 30-40 años, no se van a dar cuenta que les pegaban a nenes de 12 años.
Para mí, no sé qué pasó ahí. Es algo raro, algo extraño, no sé, todavía no puedo saber qué es lo que pasó. ¡Y por qué pasó!”. En Paraná los esperaba un operativo policial ordenado. Dos empleadas del Ministerio les entregaron una bandera del programa para ubicar en el centro del grupo y sacar fotos. La bandera era blanca y roja. Nadie reparó en que eran los colores del rival. A los 15 minutos del primer tiempo Unión marcó un gol.
Los chicos lo festejaron sin malicia: habían ido a ver un partido, no a alentar a un equipo. Desde la cabecera del Grella, donde se ubica la barra fuerte, un grupo de hombres adultos recorrió más de 100 metros por la tribuna San Nicolás hasta llegar a la Ayacucho, un sector que supuestamente iba a estar reservado sólo para “la escuelita”. Lo que siguió fue una cacería. Chicos de 12 años ahorcados contra el tejido, pateados en la espalda, empujados por la escalera.
Un padre intentó dialogar, fue rodeado por cinco o seis barras y recibió un golpe de puño en el ojo. Otro miraba desde atrás del arco cómo sacaban a los nenes a los empujones sin poder hacer nada. Un chico corrió al baño y encontró la puerta cerrada. Otro se cortó la rodilla en una caída y terminó con puntos. Desde la tribuna de enfrente una mujer tiró botellas de agua para que se lavaran la cara.
Pablo Bertoncello, profesor y papá de un jugador “La llegada ahí a Patronato fue el dispositivo policial, fue normal, con amplia… estaba el dispositivo de seguridad ya programado, nos controlaron. Se presentaron dos mujeres del Ministerio. Llevaban una bandera para que la pongamos en donde nosotros estuviéramos ubicados.
Así que el ingreso fue también algo novedoso para los chicos, para nosotros como papá y a veces como dirigentes también, porque nos revisaron, nos íbamos a sacar los cintos y si llevábamos agua caliente y demás. Así que, bueno, como ya te dije, fue algo novedoso para los chicos y estamos con una alegría bárbara, porque… que se nos pueda dar a un club tan humilde como es el Club Strobel, y, bueno… a los chicos lo hicimos ingresar a todos. Nos sentamos en la tribuna.
Las chicas del Ministerio sacaron una bandera, que lamentablemente era del color blanco y rojo, y la pusimos en el centro y nos sacamos fotos a nosotros con todos los chicos sentados y nos sacaron fotos para que ellas luego lo puedan publicar. Y, bueno, en el transcurso de haber comenzado el partido, 15 minutos aproximadamente, se festeja un gol… pero nosotros… es un gol que hizo Unión contra Patronato. Pero, nosotros no lo festejamos con malicia hacia el equipo Patronato.
Los chicos cantaron el gol porque fuimos a ver a un equipo de fútbol. Y ellos… lamentablemente, la barra brava de Patronato lo toma mal, y después, cuando ya nos dimos cuenta, ya la gente de Patronato, la barra brava de Patronato ya estaba en la parte donde estábamos nosotros, que supuestamente no iba a haber público en ese lugar, que únicamente iban a estar los chicos. Y, bueno, ya de entrada se sintió el griterío dios de los chicos.
Algunos le agarraban del cuello, a otros le pegaban patadas… yo estaba en ese momento en la parte de la tribuna con Emanuel Moyano, con el coordinador, y traté … en primera instancia me di cuenta que esto no venía para para bien, y traté de hablar, de dialogar con esta gente… me rodearon entre 5 o 6 muchachos y, bueno… no… el diálogo no funcionó y ahí recibí un golpe de puño en el ojo… Gracias a Dios que después pude bajar de la tribuna y tratar de llevar a los chicos para el sector de la entrada.
Pero, igualmente, ya les digo, una lástima… la impotencia de no poder defender a los chicos y ver cómo los trataron… y con la impunidad que lo hicieron. Es lamentable”. Matías Larraulde, periodista “Iban llegando información al respecto, también porque estábamos pendientes de lo que sucedía de no solamente de un partido de Primera División, de Patronato, sino también por esa especie de rivalidad que se creó entre Unión y Patronato. Primero el resultado.
Pero, dejó un segundo orden porque empezó a circular la información, la versión de la agresión de un grupo de barras a los integrantes de la delegación de la Escuela Municipal de Strobel. Entonces, aparte de ir de ahí, lo deportivo pasó a un segundo y tercer orden y preocupación, pero no solamente también por los integrantes de la delegación de Strobel, sino también por quiénes estaban presentes en la cancha.
Pasó prácticamente lo deportivo a un segundo orden y bueno, empezar a investigar qué era lo que estaba sucediendo, porque estamos hablando de agresión a menores, a menores de edad que habían ido con toda la ilusión. O sea, no se justifica ninguna agresión, obviamente. Pero, una cosa cuando ya son mayores, donde se pueden defender de otra manera y otra cuando ya son totalmente menores de edad, totalmente desprotegidos”.
Cristian Mosqueda, jugador golpeado “Cuando terminó, básicamente, cuando empezó a terminar todo eso de que estaban pegando, sí, nos asistió los enfermeros… que empezaron a entrar cuando terminó casi todo ya… que la Policía se metió y empezó a sacarlos ahí. Nos tuvieron ahí contra un tejido, y me acuerdo que una señora que estaba en la tribuna contraria tiró botellitas de agua para el lado de nosotros para que nos lavaran la cara. Eso fue lo que más o menos me acuerdo.
Después estaba mareado y … había cosas que no me acordaba, me acordaba de... Yo creería que fue, ahora de grande me doy cuenta que creería que fue por el shock del momento (…) Y había cosas que nos preguntábamos, porque en ese momento no estábamos casi todos juntos porque todos corrían para todos lados. Y era una de preguntarnos, ¿qué te pasó a vos? ¿Cómo fue? ¿Cómo lo pasaste? Y cada uno daba su testimonio y así nos juntábamos a veces a preguntarnos cosas.
Y bueno, había algunos que no la pasaron bien, como yo y mi primo Francisco que no vino. Pero, había otros que decía: no… nosotros alcanzamos a salir corriendo… y nos contábamos cosas del momento ese. Pero, para nadie fue lindo”. La Policía y los enfermeros entraron cuando el ataque prácticamente había terminado. Los chicos quedaron un rato contra el alambrado, mareados, algunos sin recordar después qué había pasado.
Los llevaron al Hospital San Roque: seis menores de 14 años y dos mayores, que debían derivarse al San Martín. En el hospital los atendieron a todos. Un padre golpeado los acompañó hasta el final. El regreso a Strobel fue el reverso exacto de la ida: chicos con miedo, padres con la cara ensangrentada, vendas. En el club los esperaban las familias que no habían viajado y que no sabían a quién preguntarle qué había pasado.
Esa misma noche, cerca de las once, la mayoría de los nenes pasó por la casa del padre más golpeado a ver cómo estaba. Uno de los más chicos le ofreció pintarle el ojo para que pudiera salir a la calle. Adrián Muñoz, presidente del Club Social y Deportivo Strobel “En el año 2012 me tocó ir a ver un partido, Patronato-Central. También pasó exactamente lo mismo con hinchas de Central. Me acuerdo que no podían estar la parcialidad de visitantes, no podía estar en las canchas.
Y habían hecho entrar a varios de Rosario Central y, bueno, se armó una pelea, tuvieron que parar el partido. Y volver a revivirlo con chico de acá, del barrio, conocidos encima, porque tengo un vecino de mi señora que también jugaba… compañero de estos chicos también en ese día. Así que imagínate ver toda la repercusión que tuvo también. Y por ahí lo peor es que haya quedado casi en la nada todo esto. Alguien tiene que hacerse cargo de todo esto. No es cuestión de que hagan o deshagan y sigan impunes.
Alguien tiene que pagar todo esto, porque como hablaban...
