Claves
- El mediodía empezaba a instalarse sobre Paraná cuando Don Balbo llegó a la cafetería.
- No porque tuviera demasiado apuro, sino porque pertenecía a esa vieja escuela que todavía consideraba que llegar a horario formaba parte del trabajo.
- Se sentó en la mesa del fondo, dejó el diario a un costado y miró el reloj.
El mediodía empezaba a instalarse sobre Paraná cuando Don Balbo llegó a la cafetería. Llegó primero. No porque tuviera demasiado apuro, sino porque pertenecía a esa vieja escuela que todavía consideraba que llegar a horario formaba parte del trabajo. Se sentó en la mesa del fondo, dejó el diario a un costado y miró el reloj. A los pocos minutos apareció Perro Tannat hablando por teléfono. -No, mañana no me sirve. Hoy. Si yo le digo al banco que espere hasta mañana, mañana me devuelve el cheque.
Cortó, guardó el celular y se sentó. Don Balbo sonrió. -Sector privado. -Sector supervivencia -corrigió Tannat. Don Grillo apareció último. Pidió un cortado, se acomodó en la silla y dejó el teléfono sobre la mesa. -Justamente de eso quería hablarles. Perro Tannat levantó la vista. -¿De supervivencia? -Del sector privado. Don Balbo miró el reloj. -¿A esta hora? -A esta hora -respondió Don Grillo-. Parece que trajeron la cultura del sector privado al Estado. Perro Tannat sonrió. -Finalmente.
Don Grillo tomó el primer sorbo. -Y a las once se la llevaron de nuevo. Tannat dejó de sonreír. -¿Cómo? -Se fueron al viñedo. -¿Quiénes? Don Grillo agarró el celular. -La Secretaría de Comercio, Minería y Desarrollo Emprendedor. Don Balbo levantó una ceja. -¿Toda? -Casi una excursión -respondió Don Grillo. Y empezó a contar.
-Gastón Pauletti, director de Comercio Interior; Belén Bressan, directora de Defensa del Consumidor; Cintia Cabrol, directora de Comercio Exterior; Fabricio Testa, director de Asuntos Legales; Ricardo Iturriza, director de Minería... Perro Tannat lo interrumpió. -Pará. -¿Qué? -¿Quedó alguien atendiendo? Don Balbo miró nuevamente el reloj. Eran las once y pico. -Esa -dijo- parece que es otra discusión. Don Grillo dejó el teléfono boca abajo.
-Según cantaron los grillos esta mañana, el equipo de gestión habría partido para compartir el mediodía en Los Aromitos. Perro Tannat asintió. -Lindo lugar. -Seguro. -¿Reunión de trabajo? -Puede ser. -¿Actividad oficial? -Habrá que preguntar. -¿Visita para conocer el sector vitivinícola? Don Grillo levantó los hombros. -También puede ser. Don Balbo permanecía callado. Tannat lo miró. -¿Y vos qué pensás? -Que todavía no entendí una cosa. -¿Cuál? -¿De quién es el viñedo? Don Grillo sonrió. -Ah.
Dejó que la pregunta permaneciera unos segundos sobre la mesa. -Ese pequeño detalle. Tomó otro sorbo. -Los Aromitos es el emprendimiento del que es copropietaria la propia secretaria, Noelia Zapata, junto con su familia y los hermanos Jacob. Perro Tannat se quedó mirando el café. -Entonces dejame ver si entendí: una funcionaria que viene del sector privado lleva a sus directores públicos a compartir el mediodía en el emprendimiento privado del que ella misma es copropietaria. -Más o menos. -¿Y eso está prohibido?
Don Balbo intervino por primera vez. -No empecemos a inventar delitos. Tannat levantó las manos. -Estoy preguntando. -Y hacés bien. Tener una empresa no convierte a nadie en delincuente. Haber venido del sector privado tampoco. El problema sería otro si desde la función pública se beneficiara indebidamente al emprendimiento. -¿Y pasó? -No lo sabemos. Don Grillo asintió. -Entonces no digamos que pasó. Perro Tannat tomó un poco de soda. -¿Y cuál es el problema?
Don Balbo acomodó cuidadosamente el sobrecito de azúcar junto al plato. -Que no todo lo que puede resultar políticamente inconveniente necesita ser un delito. Nadie contestó enseguida. Durante unos segundos sólo se escuchó el ruido de las cucharitas contra los pocillos de las otras mesas. Don Grillo sonrió. -Ahí está. Perro Tannat todavía no parecía convencido. -Sigo sin verlo. Don Grillo se inclinó hacia adelante. -Una cosa es llevar la experiencia del sector privado al Estado.
Se detuvo y esperó a que Tannat terminara de beber. -Otra es llevar al Estado a tu emprendimiento privado. Don Balbo asintió lentamente. -Mal gusto administrativo. Perro Tannat soltó una carcajada. -¿Y qué dicen en el Gobierno Provincial? -La defensa de este tipo de incorporaciones siempre fue bastante clara -respondió Don Grillo-. Convocar gente proveniente de empresas, comercios y emprendimientos porque aporta experiencia real.
Personas que conocen lo que significa pagar un sueldo, sostener una pyme, lidiar con costos y producir. Perro Tannat levantó la mano. -Con eso estoy de acuerdo. -Yo también -dijo Don Grillo. -Yo no dije que estuviera en desacuerdo -agregó Don Balbo. -Entonces, ¿qué discutimos? Don Balbo volvió a mirar el reloj. -Los resultados. El mozo dejó tres vasos de agua sobre la mesa. Don Grillo revisó nuevamente el teléfono.
-Porque el almuerzo no es lo único que están comentando los grillos del Ministerio de Desarrollo Económico. -¿Qué más? -Hay bastante malestar interno. -¿Por? -Según cuentan trabajadores y gente que frecuenta el área, algunos directores políticos habrían adquirido la costumbre de retirarse antes de finalizar la jornada. Perro Tannat dejó el vaso. -¿Habitualmente? -Eso dicen. -¿Y quién queda? Don Grillo demoró la respuesta mientras volvía a mirar el teléfono. -Personal contratado. -¿Y?
-Y empleados que ya estaban durante la gestión anterior. Don Balbo sonrió. Perro Tannat lo vio. -¿De qué te reís? -De nada. -Dale. -Estoy admirando la capacidad de reconciliación de la política entrerriana. -¿Qué reconciliación? Don Balbo juntó las manos sobre la mesa. -Los empleados de la gestión anterior eran tan malos... Dejó la frase inconclusa y miró primero a Tannat y después a Don Grillo. -...que tuvieron que dejarlos trabajando mientras los nuevos se iban. Perro Tannat largó una carcajada.
Hasta Don Grillo tuvo que sonreír. -Pero pará -dijo Tannat-. Si realmente se están yendo antes, ahí tenemos otro problema. Don Grillo levantó un dedo. -Si realmente ocurre. -Bueno, según los grillos. -Exactamente. Según los grillos. Nosotros preguntamos. Don Balbo intervino: -Además, irse antes un día no significa nada. Puede haber reuniones, actividades, gestiones afuera del edificio. -¿Y si es habitual? Don Balbo se encogió de hombros. -Entonces que expliquen.
Don Grillo agregó: -Porque ahí aparece una contradicción bastante más interesante que un almuerzo. -¿Cuál? -Llegaron diciendo que iban a trasladar al Estado la cultura del trabajo del sector privado. Eficiencia. Gestión. Experiencia real. Otra manera de administrar. Perro Tannat asintió. -Sí. -Pero si después el funcionamiento cotidiano de las direcciones termina descansando sobre contratados y sobre los mismos empleados que heredaron de la administración anterior... Don Grillo dejó la frase suspendida.
Don Balbo ya parecía saber exactamente hacia dónde iba. -...quizás haya que preguntarse quién terminó enseñándole a trabajar a quién. Don Balbo levantó el pocillo. -Brindo con café por la estabilidad del empleo público. Afuera la gente seguía pasando. Don Grillo miró por el ventanal. -Lo curioso es el área en la que ocurre. -Comercio -dijo Tannat. -Comercio Interior, Defensa del Consumidor, Comercio Exterior, Minería, Legales...
áreas vinculadas precisamente con comerciantes, consumidores, empresas y sectores productivos. Perro Tannat suspiró. -Yo si cierro mi negocio a las once tengo un problema. Don Balbo corrigió: -No necesariamente. -¿Cómo que no? -Podés cerrar. -Claro que puedo. -El problema es que después no cobrás. Tannat se quedó mirándolo. -Ah. -Esa es una diferencia bastante interesante entre la cultura privada y la cultura del cargo público. Don Grillo terminó el cortado. -De todos modos, tampoco exageremos.
Capaz fue simplemente un almuerzo. Perro Tannat sonrió. -De camaradería. -Seguramente. -Para fortalecer el equipo. -Puede ser. -Conocer el sector vitivinícola. -También Don Balbo agregó: -Trabajo de campo. Perro Tannat lo miró. -¿En el viñedo de la jefa? -Campo es. Los tres se rieron. Perro Tannat volvió a ponerse serio. -Ahora, fuera de joda: ¿no hay algo raro en la imagen? Don Grillo levantó la vista. -Ahí está la cuestión. -Porque aunque no haya nada ilegal... -No sabemos que lo haya.
-Aunque no lo haya -continuó Tannat-, tenés a la titular de una Secretaría vinculada directamente con sectores productivos llevando a buena parte de sus directores al emprendimiento privado del que es copropietaria. Don Balbo terminó el café. -La ética pública tiene un problema que los abogados a veces olvidan. -¿Cuál? -Que no termina donde empieza el Código Penal. Por primera vez, Perro Tannat no tuvo una respuesta inmediata. Don Grillo lo miró satisfecho. -Y la política tiene otro. -¿Cuál?
-Que algunas cosas pueden ser perfectamente legales y, aun así, ser bastante difíciles de explicar. Perro Tannat miró la hora. -Me tengo que ir. -¿Tan temprano? -preguntó Don Grillo. -Tengo que trabajar. Don Balbo miró su reloj. -Qué costumbre anticuada. Tannat se puso de pie. -No todos podemos organizar una jornada de camaradería. Don Grillo también empezó a levantarse. -Al final sigo sin entender. Perro Tannat agarró el celular. -¿Qué cosa? -Si esta gente llegó del sector privado para cambiar el Estado...
Don Grillo se puso lentamente el saco antes de terminar la pregunta. -...¿por qué terminamos encontrándola otra vez en el sector privado? Don Balbo se puso el saco. -No seas injusto. -¿Por? -Capaz consiguieron modernizar el Estado mucho más rápido de lo que pensamos. Tannat frunció el ceño. -¿Cómo? Don Balbo señaló hacia la calle. -Ahora es portátil. Los tres caminaron hacia la puerta. Perro Tannat todavía tenía una pregunta. -¿Y quién quedó en la oficina? Don Grillo abrió la puerta.
Don Balbo volvió a mirar el reloj. Todavía era horario laboral. Don Grillo sonrió. -El Estado. Y salieron.


